El territorio geográfico desde el que opera el cineasta es otro eje fundamental que determina la práctica del cine documental. El desequilibrio entre las periferias y los epicentros, que cuentan con ecosistemas audiovisuales potentes y políticas culturales consolidadas, condicionan la dimensión de las producciones y las posibilidades de difusión de las películas. Al mismo tiempo, el lugar de residencia y creación determina las opciones de construcción de comunidades y redes que permiten al cineasta una reflexión colectiva y compartida en relación con su práctica cinematográfica.
En este capítulo, la productora Natasha Craveiro, la directora Anaïs Taracena y otros profesionales exploran cómo la geografía condiciona el cine documental, desde trabajar en territorios periféricos frente a los centros de producción hasta cómo la ubicación impacta en la financiación, la distribución y la libertad creativa.